Lo mejor de esta depresión
- Momo Arellano
- 6 sept 2017
- 2 Min. de lectura
El centro de la ciudad de Guanajuato se encuentra en una depresión geográfica. “Una depresión geográfica para una depresión clínica”, pensaron al unísono sin siquiera conocerse. Supusieron que era adecuado haber terminado en un lugar así. La ciudad de Guanajuato vista desde las alturas luce como un embudo a punto de tragarse las frágiles estructuras que reinan en un monte que parece esconderse del resto del mundo. Vista desde abajo, rodeada de sus interminables túneles que asemejan los corredores de las antiguas minas, parece ser el fondo del mundo. Muchas veces así se siente. Muchas veces Ángela siente que se encuentra en el fondo y según el mundo su única alternativa es subir… o seguir escarbando… No le digan a su madre que de vez en cuando piensa en una fosa sin fondo con lugar suficiente para un cuerpo de un metro y medio de largo.
Sus ojos se han vuelto a encontrar como lo han hecho millones de veces en distintos escenarios. Siempre en silencio, se encuentran de manera espontánea e injustificada. Han visto la misma película al aire libre, los mismos conciertos gratuitos y los mismos libros durante la única feria que se distribuye a la largo y ancho de una ciudad. Al igual que los espectáculos y los eventos, no hay una fecha fija, no hay una promesa de encuentro y de retribución; simplemente se encuentran y se quedan a disfrutar lo único decente que tiene esta depresión.
Leo camina en silencio por los túneles húmedos y desiertos mientras piensa en esa fosa dónde sólo puede caber su cuerpo. Ángela ve la ciudad desde su balcón preguntándose cuando sucumbirá esta ciudad tan mal planeada que parece seguir creciendo a lo alto en lugar de extenderse y traspasar esa muralla de cerros.
Hay veces donde ninguno siente ánimos de salir o sólo uno lo hace. Ángela a veces lo busca con la mirada y sus manos escondidas dentro de sus bolsillos. A veces Leo la espera en la entrada del teatro, pero a quien le pregunta que hace afuera le responde: “tomando un poco de aire”. Muchas veces la culpa llega tarde y salen corriendo de sus respectivos cuartos rentados y se encuentran aunque la función ya haya empezado. El punto es encontrarse. El punto es compartir esa mirada cómplice que sólo en Guanajuato existe y esa sonrisa de satisfacción, de no saberse solos en el fondo.
Una vez Leo la encontró escarbando bajo la lluvia. De nuevo el azar hizo de las suyas y por enésima vez compartieron un silencio doloroso, angustiante.
Ángela no desea subir y Leo la entiende, comparte con ella ese sentimiento fatalista que es nada y a la vez todo. Sus cuerpos embonan pero no les gusta disfrutar de esa sensación de plenitud, no les gusta esa seguridad. Prefieren la indefinición, la emoción de encontrarse en un mar de libros durante el mes de abril; en un collage de entrañas y sangres en marzo durante la Aurora; en ese caos enmascarado de cultura y en ese oasis en forma de campus recién remodelado.






















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