EL BALCÓN DE LAS PUERTAS ROJAS
- Antonio Parra
- 31 ago 2017
- 1 Min. de lectura
A través de los días la contemplo, siempre sale por el balcón de las puertas rojas. Su piel nevada, lucida, encantadora. Unos ojos con mirada penetrante, pero que al verlos te provocan una paz interior. Su cabellera tan sombría como la noche más hermosa llega hasta su cintura. En su rostro, porta unas mejillas grandes y encantadoras que hacen juego con sus labios de tonalidad rojiza. Traspasa por las puertas del balcón mostrando la belleza de su figura semejante al reloj de arena más fino, tanto, que nadie tendría el genio podría fabricarlo. Esta espléndida silueta la oculta bajo un elegante vestido negro, que me recuerda la oscuridad que me acompaña al soñar con ella. Jamás se percata que día a día la observo y me deleito con todo su ser, mientras ella solo esta quieta en el balcón sin tener contacto con nadie. Mi fantasía más grande robarle un beso, pues ella sin siquiera intentarlo, es una ladrona. Cada día me roba un suspiro. Solo con verla, se me escapan las palabras. Solo con observarla, todo mi cuerpo tiembla. Se da la vuelta y atraviesa las puertas, alejándose de mis ojos privilegiados. Y yo vuelvo a la soledad y amargura de mi día, pues el momento más bello y perfecto de este, ha terminado por hoy. Sin interesarme el tiempo que tome cumplir mi meta de deleitarme con su presencia, esperare hasta que esta ladrona vuelva a traspasar por las puertas rojas.






















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