Manifiesto de pesadillas
- Erik Carrillo
- 3 sept 2017
- 1 Min. de lectura
No puedo explicar el veneno que contaminó mi alma,
ni puedo decir que somos responsables.
Que fue mi soledad
la que actuó en tu contra
o que el peso de los sueños era lo
que nos asfixiaba.
Fue miedo a lo que es mi pasado
y a lo que hoy es mi futuro.
fue tu vida mi traición.
Aquella noche,
tras un acto de rebeldía
hubo elementos de orden preciso
que se calcularon en nuestra espalda,
incluso,
aquella noche prometiste vivir siempre conmigo
aún si tu recuerdo se cruzaba con mi voz.
ahora,
no puedo hacer más que dedicarte, en la melancolía eterna
mi infierno
y mi demencia.
vuelvo a desear que mi sangre fluya,
y sea tuya únicamente.
Por eso,
el mundo de pesadillas donde habitas
es la muerte más querida,
la más hermosa de las muertes;
pido que me reclames desde el continuo infierno,
que me dejes pronunciarte como
la mujer que habita en mis raíces
como la que corta
verso a verso su olvido
a través de mi garganta
como castigo.
Si tu piel volviera a ser
la cura para este vacío sentimental
de agonía eterna,
si tú volvieras a ser mi locura más insana,
el más profundo tiempo,
los síntomas opositores al recuerdo
(¡Si tan solo!),
mis excusas descaradas
dentro del gran sueño corrompido
serían la justificación perfecta
para ser poseedor del último aliento,
y tu nombre sería el único motivo
para confundir en la palabra
lo último que puedo escribir para ti.
Perdón…
Perdón.






















Comentarios